El Cristo de La Habana:Guardian de la Ciudad.
En la bahía de La Habana, en la cima de la Loma de La Cabaña, se encuentra el Cristo de La Habana. Es una colosal escultura que representa a Jesús de Nazaret, obra de la escultora cubana Jilma Madera. La estatua es considerada la mayor escultura al aire libre salida de las manos de una mujer. La imagen tiene unos 20 metros de altura y reposa sobre una base de 3 metros. Su peso aproximado es de unas 320 toneladas, y se emplearon en ella 600 de mármol blanco de Carrara. La estatua está compuesta por 67 piezas que fueron traídas desde Italia, donde la artista pasó dos años, fue esculpido en Roma y allí bendecido por el Papa Pío XII.
A principios de 1956 se lanzó la convocatoria al concurso El Cristo de La Habana, y en la capital se creó un Patronato con el propósito de recaudar fondos para sufragar la ejecución del proyecto que resultara ganador. La entonces Primera Dama, Martha Fernández Miranda, encabezó la colecta que finalmente pudo reunir 200 000 pesos. La joven Jilma Madera presentó su boceto al certamen y, sin esperarlo, triunfó. Jilma debió marchar a Italia, donde permaneció cerca de dos años, para atender cada detalle del proceso de construcción. Bastó un año de trabajo intensivo, en el que ella debió dirigir a los obreros «técnica y artísticamente», para que la obra quedara terminada.
La imagen, situada en el poblado de Casa Blanca, en el municipio de Regla, se emplazó en la colina el 24 de diciembre, Nochebuena, de 1958. Tan sólo quince días después de su inauguración, el 8 de enero de 1959, Fidel Castro entró en La Habana después de terminar con el gobierno de Fulgencio Batista mediante la Revolución cubana. La imagen fue alcanzada por rayos tres veces -en los años 1961, 1962 y 1986- antes de que se fuese ubicado un pararrayos.
Esta imagen fue bendecida por el Cardenal Arteaga, el 25 de diciembre de 1958, contra su voluntad, debido a las malas relaciones que tenía el prelado con el dictador Fulgencio Batista, el cual pretendía ganar apoyo popular con la instauración de tan bella escultura. Luego de 1959 fue casi cubierta, exprofeso, con árboles y no era visitable, por estar dentro de una zona militar. La libertad religiosa de los años 90 y el turismo revocaron esta decisión y en la Semana Santa de 1996 se realizó un viacrucis y un acto de desagravio por unos jóvenes católicos habaneros.
A diferencia de sus similares en Río de Janeiro, Brasil; Lubango, Angola, y Lisboa, Portugal, nuestro Cristo no tiene los brazos extendidos. Y no es que deliberadamente su autora rechazara imprimirle una pose de recibimiento y de abrazo cálido. En verdad ella prefirió que recibiera al visitante con la fuerza de la mirada, y con la mano en el corazón. A esta obra se le dejaron los ojos vacíos para que diera la impresión de mirar a todos desde cualquier lugar que fuese observado. Desde el emplazamiento del Cristo de la Habana se aprecia una vista de toda la ciudad de La Habana.
Aunque con sólo cinco décadas de existencia, el monumento es parte de todo un conjunto arquitectónico que caracteriza la entrada del antiguo puerto de Carenas, descubierto por Sebastián de Ocampo entre 1508 y 1509. Su blanco mármol de Carrara contrasta con las grises piedras de un entorno quintocentenario: las fortalezas de los Tres Reyes del Morro, San Salvador de la Punta, la Real Punta y San Carlos de la Cabaña, baluartes que durante siglos defendieron a La Habana de indeseables visitantes.

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